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16/07/12

El mundo conservacionista se vuelca con el sector agroganadero como aliado para proteger la naturaleza.

La protección de la naturaleza y las actividades económicas en el medio natural ya no son dos mundos irreconciliables, dos trincheras enfrentadas. Y esa constatación la asumen claramente los grupos conservacionistas que, de ser meros guardianes del territorio, han pasado a implicarse en las tareas de fomento y difusión de ciertos productos del mundo agrario cuyo consumo contribuye a proteger el paisaje, las especies, la biodiversidad. En paralelo, el consumidor empieza a demandar productos más cercanos (no sólo ecológicos, sino también con una diversidad que garantice la calidad gastronómica), lo que puede ayudar a "conservar el paisaje". "En la UE, la mayor parte de los procesos de conservación de la naturaleza dependen de la actividad humana", explica Jordi Pietx, director de la Xarxa de Custòdia del Territori, una entidad que promueve los lazos de colaboración entre propietarios de fincas rurales y las entidades sociales que colaboran en su conservación (oenegés, fundaciones...). El acercamiento entre el mundo ecologista y el sector agroganadero explican la iniciativa de la Institució Alt Empordanesa per a la Defensa i Estudi de la Natura (Iaeden), que ofrece a los dueños de explotaciones asesoramiento para que a la vez apliquen buenas prácticas para conservar los valores naturales de la finca mientras ellos asumen la promoción de sus productos. "Es necesario mantener la vida en el mundo rural, para evitar no sólo la despoblación y el abandono, sino para mantener un mosaico de espacios y usos, agrícolas, forestales, de pastos, que definen la riqueza del territorio del Empordà", dice Montse Pascual, responsable de proyectos del Iaeden. De hecho, la nueva visión en la protección de la naturaleza se impone en sensibilidad ecologista. En esta línea, una de las experiencias más interesantes que se lleva a cabo en España la protagoniza la Fundación Quebrantahuesos, que ayuda a salvar la ganadería extensiva en los Picos de Europa para que los cadáveres de las ovejas puedan seguir proporcionando alimento a este ave rapaz y a otros animales salvajes que viven de las defunciones del ganado de alta montaña (además del quebrantahuesos, el lobo, los osos, los buitres negros, el buitre leonado, el águila real...). "A los procesos de conservación y a la ecología se les olvidó la economía; cometimos un gran error", disecciona Gerardo Báguena, director de la Fundación Quebrantahuesos. "Los grupos profesionales dedicados a la conservación de la naturaleza tenemos un gran conocimiento de la normativa y un apoyo social importante, pero nos faltan las herramientas. Somos los cirujanos sin bisturí. Los que realmente intervienen son los agricultores y los ganaderos. Hemos aprendido que el futuro para el sector agroganadero español no se basará en la cantidad, sino en si somos capaces de hilvanar la conservación del entorno con el logro de un consumo de calidad", dice Báguena. Una meta y una colaboración que deberían ser también asumidos por los departamentos de Agricultura, resalta Pietx. La familia del Mas Marcè, de Siurana d'Empordà, ha enlazado seis generaciones de pastores dedicados a la cría de la oveja ripollesa. No sólo contribuye así a salvar una especie en peligro de extinción, sino que mantiene los cultivos y prados que enriquecen el rico mosaico de paisajes del Empordà (forestal, agrarios, fluviales..). El Mas Marcè es una de las joyas en custodia cuyos valores propaga el grupo ecologista Iaden, que colabora en su conservación. El último capítulo de la saga de los Marcè es la decisión, tomada hace seis años, de recuperar el recuit (cuajada) del Empordà, un genuino producto que sirve de estandarte de su reconversión ganadera. El recuit conservado en cerámicas se transportaba en tartana a los mercados hasta los años cincuenta, y servía como elemento de trueque entre payeses. En el Mas, se sigue haciendo cuajando la leche con los pistilos de la flor del cardo. Pero hoy ha traspasado las fronteras y ha pasado a ser el postre estrella del restaurante restaurante Celler Can Roca de Girona. "La raza ripollesa es la que está más integrada en el territorio, la que tiene menos problemas de salud", dice Manel Marcè al enseñar las 1.000 ovejas que se mueven en 90 hectáreas, mientras un cordero recién nacido se aúpa y echa a andar en medio de los berridos del corral. La misma finca, autosuficiente, produce el forraje y los cereales para proporcionar una dieta que incluye viejas y rústicas gramíneas que su padre (Isidro) creía desaparecidas y un maíz blanco traslúcido sacado de un banco de semillas; todo ello, claro, con certificado ecológico. La oveja ripollesa produce mucho menos que una de una raza convencional, pero "es la mejor, y compensa", sentencia Manuel Marcè, pues la leche es más gustosa, y tiene más proteína, lactosa y sabor, todo lo cual compone un producto exclusivo más valorado que le hace estar en las antípodas de una industria alimentaria regida con un criterio exclusivo de hiperproducción. Manel Marcè podría haber optado por seguir un camino de un negocio trillado y próspero con razas más productivas, pero la suya es una apuesta por la calidad. Es el compromiso con un legado familiar en cuyo ADN ha visto las semillas del futuro de una ganadería que hasta su padre vio "decadente". Y por eso mismo reinvindica también el maíz no transgénico, una rareza ya en la comarca que le cuesta lo suyo, pues debe negociar con el vecino para no coincidir en la siembra, para evitar la polinización cruzada y defenderlo de la contaminación. "La oveja ripollesa es un patrimonio que no se puede dejar perder", dice Manel Marcè al explicar los procesos de mejora genética permanente de la raza. La oveja ripollesa es el buque insignia del negocio que incluye la venta de leche fresca o pasteurizada, quesos, postres lácteos, carne de cordero, pero que destaca por sus posibilidades: la lana, los rellenos de cojines o el uso como aislantes térmicos y acústicos en los edificios. Es una oveja con mucho pasado, y mucho más futuro. La fundación que protege el quebrantahuesos llegó a una conclusión primordial: para evitar la extinción de este ave rapaz en los Picos de Europa se necesitaba mantener los ecosistemas: la ganadería extensiva (aún arrinconada) y las rutas de rebaños de ovejas de montaña, en donde quedan los cadáveres que sirven de alimento del quebrantahuesos. Un estudio concluyó que el 50% de la carne que se consume en el valle de los Picos de Europa se importa y que la carne del cordero local, criado en la montaña once meses, se vendía sin ningún distintivo para diferenciarla del animal que viene del exterior (estabulado y alimentado con pienso). Y el quebrantahuesos entra en declive al desaparecer de la ganadería extensiva y, por ende, su sustento. Por eso, el trabajo de la fundación se ha centrado en difundir entre los restaurantes y el comercio local las ventajas del consumo del cordero lechal del valle de Liébana (Picos de Europa). La campaña aclara que la carne de cordero está asociada al mantenimiento de rebaños de ovejas y que su supervivencia hace posible la conservación del quebrantahuesos. Y así se ha recuperado el círculo virtuoso. Al consumidor se le informa con un sello (registrado, "prodiversidad") que certifica que la producción de esta carne da beneficios a la biodiversidad de la zona. "La distancia entre el lugar donde se produce la carne y se consume es de sólo de 3 km. El impacto de CO2 es mínimo, y el 100% del flujo económico se queda en el medio rural", dice Gerardo Báguena, director de la fundación. La Fundación Global Nature, que se hizo famosa por su campaña para conservar las rutas de trashumancia en España, ha experimentado un giro en sus planteamientos. De centrarse en la compra de fincas para conservar las cañadas reales (verdaderos corredores biológicos), ahora pone el acento en iniciativas basadas en la premisa de que "lo que hace posible la conservación es lograr una producción sostenible", dice Amanda del Río, su directora de proyectos. Entre otros proyectos, la fundación tiene un acuerdo con un apicultor para obtener miel en su finca de Talaván (Cáceres) que luego comercializa. El proyecto persigue favorecer las poblaciones de abejas, para intensificar la polinización y conservar la biodiversidad en su finca dehesa El Baldío, de 280 hectáreas, en donde llevan a cabo programas de conservación de razas de ganado autóctonas: vaca blanca cacereña, oveja merina negra, animales de gran valor estético, y muy bien adaptados al clima extremo y extremeño. Además, la fundación impulsa un proyecto piloto, con ayuda del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, para promover el cultivo y el consumo de variedades tradicionales de lentejas, garbanzos y otras leguminosas que van desapareciendo (la lenteja pardina, el garbanzo pedrosillano). A través del plan se persigue implicar a los agricultores para que contribuyan al mantenimiento y la conservación de los humedales esteparios de Tierra de Campos (Palencia) o Villacañas (la Mancha Humeda, Toledo), que son verdaderos santuarios de las aves esteparias (avutardas, sisones, ortegas...) Concretamente, lo que se hace es entregar a los agricultores las semillas para que hagan el cultivo con el compromiso por parte de la fundación de que comprarán toda la cosecha. Los agricultores no deben preocuparse de la comercialización pero, a cambio, deben evitar la desecación de los humedales. La fundación se encarga de comercializar los productos, que envasados y etiquetados de forma atractiva prestigian la conservación de la biodiversidad castellana. "La venta de las legumbres se hace a través de grupos de autoconsumo y consumo responsable y ecológico, que saben apreciar el valor añadido de la conservación", dice Amanda del Río. Es así como regresan al plato legumbres de sabores rústicos que formaban parte del patrimonio cultural de Castilla (desaparecidos por los monocultivos, la mecanización y la globalización), mientras la avutarda anida en los campos de Castilla. Miquel Vilardell, de Torroella de Fluvià (Alt Empordà), es el primer productor de alimentos ecológicos de las comarcas de Girona. Su padre era agricultor a tiempo parcial y él cogió el relevo aunque decidió que todos sus cultivos serían ecológicos. Vilardell contribuye a conservar un espacio de gran diversidad agraria, aunque en su caso sus tierras están sitiadas por la carretera C-31, una vía rápida que hace todavía más meritoria su férrea voluntad de llevar al consumidor alimentos sin insecticidas ni fertilizantes químicos. Desde que empezó a cultivar productos ecológicos (1991), su oferta no ha parado de ampliarse, con una lista de verduras y hortalizas variadas que incluye productos tradicionales pero sobre todo variedades recuperadas (mongetes de ganxet baix, fesols de l'ull ros...). Desde el año 2007, ha pasado a ser también elaborador y envasador, lo que le ha llevado a un camino lleno de creaciones de productos y mezclas cada vez más atrevidos que se venden en tiendas dirigidas a clientes que buscan productos de calidad, señala. "Los productores ecológicos hemos pasado de ser considerados gente rara a estar de moda", dice este hombre que aumentó el pasado su facturación un 40%. "Nuestros productos ecológicos tienen unos beneficios sobre el entorno, y eso debería ser considerado. Sin embargo, debemos pagar unas tasas de certificación muy caras. No puede ser es que el organismo público encargado de hacer esta certificación, cuyo objetivo debe ser tener una balance cero, aplique unas tasas que son más caras que una certificadora privada, cuyo objetivo teórico sí es tener beneficios", se lamenta. Se queja además del enorme coste burocrático y de documentación que supone el control por parte del parte del órgano regulador (Consell Català de la Producció Agrària Ecològica), y dice que prefiere "más análisis de muestras y menos papeleo". Pero su principal denuncia se dirige al retraso en el pago de las indemnizaciones por la construcción de la C-31, obra construida por la Generalitat. Tres años después de acabar las obras, aún sigue esperando cobrar. Durante los trabajos se vieron afectadas el 50% de las tierras, mientras que el recorte final de la superficie agraria ecológica fue de un 30%, debido "a tantas rotondas, puentes y demás afectaciones excesivas". La extracción de áridos se hizo además en zonas en donde cultivaba la legumbres y la zona quedará como un terreno yermo "más de 50 años". "¿Cómo me hace a mí todo esto mi Gobierno?", se pregunta. Fuente: La Vanguardia (15-7-2012).

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Asociación de Fundaciones Privadas de Conservación de la Naturaleza.

Las fundaciones para la conservación de la naturaleza son una herramienta esencial para protección de la biodiversidad y la participación social


La Asociación de Fundaciones Privadas de Conservación de la Naturaleza (AFN), constituida en febrero de 2012, nace de la necesidad de defender la especificidad de las fundaciones conservacionistas de base privada, animándonos a trabajar en red para compartir experiencias, y de tener una representación unificada ante las administraciones públicas y otros operadores.

Agrupa a un total de 16 entidades que se reparten por la distinta geografía española y abarcan numerosas áreas de actuación en materia de conservación de la naturaleza.

Son entidades privadas de interés general que cumplen un papel determinante en la sociedad. En nuestro país, las fundaciones de conservación y ambientales son actores esenciales en la protección del medio ambiente, canalizando fondos, tanto públicos como privados, que contribuyen a facilitar el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, tal como contempla nuestra Constitución.

En este sentido, colaboran con los poderes públicos para velar por la utilización racional de todos los recursos naturales con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente.

Los principales fines de la AFN son los siguientes: - Representar y defender los intereses colectivos de las fundaciones de conservación de la naturaleza. - Fortalecer la colaboración entre las fundaciones asociadas de cara a lograr una mayor eficacia en las actividades de conservación. - Defender la participación de la sociedad civil y en concreto de las fundaciones, en la formulación, seguimiento y ejecución de las estrategias y las medidas de conservación.



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